Te miro mirar

martes, 5 de febrero de 2013

UMBRAL

Le regaba las plantas a mi familia, esa actividad que sólo se realiza en temporada de vacaciones (ajenas). Debería decir les regaba la vegetación. Además de resultar gracioso, resulta mucho más adecuado debido al ecosistema que rodea mi casa materna-paterna.

Dicha casa, mi casa de Burzaco, se halla literalmente rodeada de árboles, enredaderas, plantas, distintos tipos de pastos, arbustos y dos pinos, entendiéndose a los pinos como árboles superiores a los demás debido a su envergadura.

Hallábame regando junto a uno de los pinos, el de adelante, cuando escuché un ruido siniestro. Digo siniestro, en su significado más freudiano: aquello angustiante, espeluznante y espantoso. Fue algo así como un retorcerse cosas, entrechocarse aquellas, refregarse las otras.

No me gustó nada, menos me gustó no poder localizarlo. Pero era allá arriba, en lo alto del pino, donde se gestaba. Y de lo alto del pino cayó. Y con él, cayó el ruido.

No me asustó que estuviera muerto. Sin embargo me paralicé.

No era la primera vez que veía uno, en absoluto. A tantos les dimos santa sepultura en el fondo de la casa. Nos hacíamos las místicas. Les poníamos cruces hechas con palitos, con piedras, un nombre ficticio grabado en la tierra, les llevábamos flores a su tumba de plumas.

Pero a este, no podía ni mirarlo.
¿Por qué?
Presumía a esa bola amarilla y peluda retorciéndose, casi truculenta. 

Era el umbral. Detectar aún un movimiento de sus patitas sin terminar. Un espasmo. La muerte es triste pero tranquiliza. Anula la esperanza y la responsabilidad. No saberlo ni vivo ni muerto, eso me asustaba.

3 comentarios:

Óscar dijo...

Usted dice intrigarse allá. Yo sentí aterrarme aquí. Prefiero no saber si éste tuvo crucecita o quedó seco allí nomás.

Pelu Peluso dijo...

Que linda que es tu imagen de perfil, nunca me había percatado.
Saludos.

Óscar dijo...

El pegote desde luego no es diseño mío. La bici. Más que elipsis, un esquema de mi vida. Me ha mostrado sentirme realmente vivo, y cómo puede ser mi muerte. ¿Teatral? No. Los paramédicos te atienden como en el masaje, pero no lo disfrutas nadita.
Más bien, lindas sus palabras -obvio, sus de usted-, y más sus dudas. A que nunca resolverá más de una aunque atine a todas.
Nomás por esto, regreso pronto.