Te miro mirar

miércoles, 20 de febrero de 2013

EL COLOR DEL MAR

Le dije a la vendedora que siempre usaba esos aburridos, negros, sin nada. Que quería cambiar. Le dije así, sin nada. Como si un moño o un strass lo fueran todo. Le pedí el de la vidriera, el del moño amarillo. No, ese no le quedaba. Me conformé con el mismo modelo en BEIGE, un color que con su nombre ya nos dice todo (amo la lengua francesa, pero con esta palabra se esmeraron muy poco).
Ya dentro del probador, apreciaba como el BEIGE inundaba todo mi ser. Se amalgamaba a mis tetas, las deprimía. Y no solo eso, sino que las separaba en dos montoncitos irreconciliables de carne venosa. Entonces, ella entra, triunfante. Asoma su carita entusiasmada y proclama "Mirá que divino color, CORAL". Que nombre. Igual me gusta. Es color CORAL, es de color, es grande, digo, ocupa mucho espacio visual, es exagerado, es rimbombante. Igual me gusta.
Me lo pruebo y me queda bien, realmente. Nunca tuve un corpiño así, tan de mujer. Con ese color, y tiene cositas de las cuales no sé el nombre, encaje o algo así, como distintas capas de piel, o escamas, tiene algo de pez. Y claro, es CORAL, parecido al salmón, tiene todo de mar, que tonta soy. Tiene algo de sirena, de mujer fatal, de disfraz.
Y entonces aparece esa sensación. Como aquella vez que tuve el helado con chocolate en la playa que siempre había querido. Esa angustia.
De repente, me siento indigna de este corpiño. Indigna de él o de la situación. Siento que no me pertenece. O que no nos pertenecemos. Que nuestros caminos nunca se tendrían que haber cruzado. Que no tiene nada que ver conmigo. Que lo quería, pero no de esta manera. Que si lo busqué es por algo. Que quería encontrarlo, no buscarlo.
Aquella vez. Quizás asumí que si nunca me tocó helado bañado con chocolate en la playa es porque no soy la chica indicada para el helado bañado con chocolate en la playa. ¿Simplemente no va conmigo, y esa es toda la explicación?
La vendedora me espera del otro lado del probador. Tiene muchas cosas para decirme. Me va a ofrecer bombachas que hagan juego, me voy a rehusar a ellas. Me va a insistir, no voy a saber qué decirle.

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