Te miro mirar

martes, 30 de octubre de 2012

URSULA ES NOMBRE DE BRUJA


Una vez más, gracias al amigo Biciman pude ver otra película de quien se convirtió en este último tiempo en una de mis directoras favoritas de los últimos tiempos (valga la redundancia).

Su nombre es Ursula Meier y recomiendo ampliamente sus dos películas Home (2008) y L´Enfant d´en haut (2012). Antes de ellas filmó un tele film -que expresión galleguísima-, un documental y varios cortos, que no recomiendo porque aún no ví.

Su especialidad son las familias disfuncionales y su mayor talento -a mi entender- su mirada dardenniana que no juzga a los personajes: muestra su cotidianeidad, exponiendo así sus más grandes miserias, incapacidades y contradicciones.

En ambas, la fotografia es una cosa de locos a cargo de la genial Agnès Godard.
Ah, y las bandas sonoras son muy buenas también.
Pedir más es un exceso.

Listo, te las vendí.

Aclaración: Son para consumir en estado no depresivo, de lo contrario te sacarán un toque las ganas de vivir. Un toque.




EL SUEÑO DEL SUEÑO DEL SUEÑO DEL SUEÑO

El ciervo escondido

Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y ceyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar al ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:
-Un leñador soñó que había matado a un ciervo y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.
-Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado a un ciervo. ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero- dijo la mujer.
-Aun suponiendo que encontré al ciervo por un sueño -contestó el marido-, ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?
Aquella noche el leñador volvió a su casa, pensando todavía en el ciervo, y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y tambien soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró al ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador:
-Realmente mataste al ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró al ciervo y ahora te lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.
El caso llegó a oídos del rey de Cheng y el rey de Cheng dijo:
-¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?

LIEHTSÉ. filósofo chino de la escuela taoísta. Floreció (¿?) hacia el siglo IV, antes de la era cristiana.

(De Antología de la Literatura Fantástica; Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, Editorial Sudamericana)

viernes, 26 de octubre de 2012

YO SOY QUIEN VOS CREES QUE SOY, PERO DIFERENTE


Fui a ver Infancia Clandestina con Roberto y Silvia.
No lloré -increiblemente-.
Pero ahora extraño al Tío Beto, y me duele la panza.






(veanlan!)
Quizás no exista el desamor, ni el dejar de querer.
Quizás sea empezar a sentir que el otro es un extraño.

DE BURZACO A LANUS

Hacía mucho tiempo que no la usaba para algo tan digno. Fue un gesto de esos, demasiado espontáneo para considerarlo adulto. Me salió de la boca medio reseca, roja, caliente. Tomó fresco durante casi una cuadra, con intervalos. Después fue parte de una risa que se manifestó en forma de carcajada durante otra cuadra más.

Canjeaba smog y ruidos molestos por el -muy romántico pero no menos desdeñable-  empedrado. Menguaba con alguna veredita y así iba, disfrutando de andar en bicicleta, como se dice, “por adentro”. Le hacía burla al “por afuera” de la avenida y sus impaciencias.

(Siempre pienso que, si dejara de vivir en el sur, extrañaría como pocas cosas ver a la gente en las veredas, terminando el día-día. Como salen con los primeros calores a tomar el fresco, a cuidar a los chicos mientras andan en bici por la vereda. Verlos cortando el pasto, ver a los viejos que te saludan aunque no te conozcan, con una inclinación de cabeza que significa muchas palabras. Creo que es lo único que extraño del calor cuando éste no está.)

A la altura de Adrogué, en una de esas calles empedradas, esperábamos para cruzar. Un auto y yo, detrás otro más que presentí, luego confirmé su odiosa presencia. La demora que tuvimos en arrancar fue casi una sensación. Fue un segundo en el que me rasqué un cachito más un brazo. El tipo del auto de al lado no sé qué estaría haciendo. Yo me rascaba los brazos. La transpiración y el material del saquito que llevaba puesto parecían provocarme una especie de alergia. Ya se sabe, en cuestión de rasquidos un segundo o un milímetro más (o menos), hacen la diferencia.

De nuestro (cuando estoy en ese estado siento que no me pertenece solamente a mi, que es nuestro) idilio nos saca un estrepitoso bocinazo. Es el tipo de atrás, claramente, el de la odiosa presencia. Me doy vuelta y le digo “¡Pasá! ¿Tan apurado estás?”, que es una pregunta muy boluda que suelo hacer en tales circunstancias. Pregunta que, si la escuchara en boca de otra mujer me daría ternura. En la mía, casi vergüenza de no tener una réplica superior. El tipo me pasa y, mientras, suelta un “¿Por qué no vas a andar a la plaza?” o algo así. Yo pienso: ¿Me manda a la plaza porque considera que mi nivel de pedaleada es muy de –digamos- recreación para una calle transitada por gente tan apresurada como él? O…. ¿me envia a la plaza porque piensa que estoy gorda? Está bien, ambas son válidas, estoy un tanto vaca.*

Y ahí, surge ella. Emana, como de las tinieblas. Sin presentarse, sin pedir permiso. Brota de los rincones más recónditos, como una duda. Mi lengua mía es sacada, se sale de mi boca y se ofrece a la vista del conductor, quien acelera y se pierde a lo lejos. Como la quise a mi lengua esas dos cuadras.

*La premisa dos luego fue anulada. Me ligué unas cuatro o cinco “chau hermosa” y afines en el trayecto a mi casa. Toda mujer sabe que tres o cuatro chauhermosas le recontra ganan a un insinuado gorda. O eso nos encanta creer.

martes, 16 de octubre de 2012


El otro día, en la estación de Lanús, me habló por un ratito un loco.

Señor grande él, con camisa y bajo el brazo una de esas carteras de cuero de hombre que me hacen acordar a mi abuelo Pedro.
Me abordó súbitamente, empezó a hablarme de la bici, de que bien que hace andar en ella. Parecía un promotor macrista (es frívolo, pero una de las cosas que más odio de la Macri gestión es asociar algo tan sublime como una bicicleta con un hijo de puta semejante).
Después me preguntó si tengo novio. Estaba preocupado por la violencia de género: nombró diversos casos de hombres que atacaron o mataron a sus mujeres. Me dijo que una vecina de él dejó a un novio que tenía a la primera escena de celos que le hizo. Según él estaba bien, para muestra basta un botón.
Continuó con una teoría sobre los objetos y las personas, la manera en que éstos importan más que aquellas hoy en día, la diferencia entre su época y la actual (siempre me llama la atención como la gente grande utiliza el término "mi época", como si fueran muertos vivos, como si el tiempo actual ya no les perteneciera).
Antes de irse, se despidió. Alberto se llamaba, se llama. De mi nombre opinó "Carla, sos italiana -una mezcla entre interrogación y admiración, un símbolo que aún no se inventó- felicitame a tus padres, no te pusieron ni Rosa ni María y encima tenés los ojos verdes. ¿Coincidimos?".
La expresión coincidimos, muletilla que yo le detecté enseguida que empezó a hablarme, había acompañado cada uno de sus temas -mi participación fue bastante limitada- como una invitación grata o como una intimación a no pensar distinto.

Me di cuenta que estaba loco porque me preguntó muchas cosas y porque me contó muchas otras a una velocidad descontrolada, hilvanando frenética e ilogicamente diversos temas, sacando conclusiones desmesuradas, apelando a frases hechas y a lógicas deshechas, buscando la coincidencia. Como en el juego de las siete diferencias, pero al revés. Ese coincidimos parecía pedir algo desesperadamente, un lugar en común, una complicidad, un consuelo.

En realidad, no sé por qué me di cuenta que estaba loco.

LA PROXIMA VEZ, NO HABRA PROXIMA VEZ


1. Esa sensación similar a la inminente separación con una pareja. Esa mezcla entre incertidumbre, alivio, ansiedad, tristeza. Ese querer que termine ya, pero que no termine. Esa insatisfacción, ese desorden.

2. Si hay algo que reconocerles a los norteamericanos, además de su capacidad para inventarse enemigos y consumir alimentos que tapan las arterias, es la calidad de sus series televisivas.

3. Las corbatas y camisas de Silvio.
Los trágicos amantes Christopher y Adriana.
El inescrupuloso hasta la náusea Paulie.
El romántico encubierto Furio.
La obsecuente Carmela.
La recalcitrante Janice.
El atribulado A.J.
El depravado Ralph.
El corrompible Artie.
La Dra. Melfie, ella toda.

Contradictorios, como la gente misma.

4. Hay quienes dicen que para cada situación de la vida hay una escena de Los Simpsons. Me atrevo a decir que para cada contradicción de la vida hay una escena de Los Soprano.

(Casi casi que termino de verla)


viernes, 12 de octubre de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO

XI

Marina los mira y me dice cómplice:
- Y bue, no se puede comer pizza de rúcula y jamón crudo todos los días.
El marido de La Típica abraza a su mujer y le pregunta como la pasó, como un padre a su hija que vuelve de un cumpleaños. Ella se suelta del abrazo para alzar al más chiquito y lo llena de besos. Con un tono maternal entre didáctico y automático, un tono que no espera respuesta (por obvios motivos de falta de oralidad de su pequeño y (no todavía) interlocutor) le responde a su niño lo que su marido le preguntó:
- ¡Fuimos a la playa con las chicas!... ¿Vos que hiciste con papá mi amor?, ¿Ustedes también fueron a la playa?, ¿Se divirtieron?, ¡Que bueeeeeeno!
El niño le toca la boca, como sin comprender por qué su mamá volvió tan llena de sonidos. Balbucea cosas sin sentido. La Típica parece comprender porque sonríe y le contesta. El otro niño la reclama desde el piso. El marido le sigue hablando, recibiendo las respuestas a través del embudo humano de sus hijos. Me canso solamente de verlos. Marina charla con los nuestros. Parece aliviada de volver a verlos, como si hubiéramos hecho un largo viaje.  
Nos despedimos.
Marina no quiere irse a dormir, está entusiasta, dice que manejar la pone activa.
Propongo ir a cenar y después de copas. Alego falta de atención, argumento  que ya salieron solos y ahora nos toca a nosotras, reclamo una salida de cuatro, que hace mucho que no.
No entiendo por qué digo lo que digo.

lunes, 1 de octubre de 2012

KARMA

Kinesis
Kuwait
Kikiriki
Kiwi
Kurdo
Káiser
Kant
Kilogramo
Kayak
Kamikaze
Kerosen
Kepi
Koala
Karate
Kibbutz
Kermés
Kilómetro
Kinetoscopio
Kit
Kischt
Kamasutra
Ketchup
Kimono
Kremlin
Kinesiología
Kung Fu
Kioto
Karaoke
K