Te miro mirar

martes, 29 de mayo de 2012

LAS PALABRAS


(A propósito de relacionar la palabra osteofito con una tal Victoria)

MA: -¿Viste que uno asocia personas con palabras?

CP: -Porque estamos hechos de palabras.

MA: -¿Ah, sí? ¿O sea que yo no estoy hecho de células? ¿Son palabras?

CP: -Célula también es una palabra que alguien inventó para definir de qué estás hecho.

MA: -¿Adentro de cada célula hay muchas palabras, vos decís?

CP: -Bueno Mariano, no podemos saber todo, guardá un poco de misterio para más adelante.

FOREVER YOUNG


Durante nuestra dolescencia, nos advirtieron del flagelo de las drogas, el peligro del alcohol, lo nocivo del cigarillo...Pero poco y nada nos advirtieron de LO adictivas que podían llegar a ser (tres verbos, uff) las zapatillas, remeras y mochilas viejas.

LA REVELACION DEL AÑO

(O, en el peor de los casos, una de las nominadas a)


En el amor y en el teatro, lo más importante es construir singularidad.


(En mi libretita hice un corazón debajo. Me doy miedo)

LEY 45.760


Siempre que intentes escribir la palabra ALINEACIÓN, escribirás (o estarás a esto de escribir)                                                   ALIENACIÓN.

lunes, 28 de mayo de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO

IV

El viento nos salpica en la dosis justa. Marina sale del agua temblando y temblando me habla, haciendo el ruido temblatorio correspondiente (esa especie de fruncido de boca y apretada mandibular con sonido de silbido):

- Eso es porque está de moda ser una gorda adicta a los descuentos… (ruido temblatorio).

Su afirmación proviene de una historia que me viene contando desde siempre. Es una historia en la que intervienen su madre, su prima, una vecina, la almacenera, compañeras de trabajo, amigas y, por momentos, todas las mujeres del mundo. Se trata del miedo a ser nosotras mismas: del aburrimiento, de la frustración, de la impotencia, de la angustia y la competencia que genera.

-¿Debería sentir que soy exitosa?... ¿Estoy obligada a ser exitosa en algo?... (ruido temblatorio) ¿Todo me tiene que dejar una enseñanza de vida?... ¿De todo debería tener una opinión?... ¿Eh?

Sus preguntas son muchas, contínuas, violentas. Abro la boca a cada instante. Amago a responder pero solo tomo aire y lo suelto por la nariz con fuerza de suspiro. Pienso una respuesta para cada una, tengo una respuesta para cada una. “No, pero podrías…”, “Quizás si pensaras en…”, “Cada uno elabora como puede las…”, “Eso es tan subjetivo que…”. Las respuestas se agolpan contra el paredón de la simultaneidad y se acuestan una encima de la otra. Tengo una respuesta para cada una de sus preguntas, pero no tengo una respuesta para todas juntas.

- Y mi vieja preguntándome que “para cuándo”, que “por qué nos vas pensando”…Es así, si la entendiera no sería mi madre… (ruido temblatorio).

Marina se acuesta sobre la arena, como si el goce caliente fuese la mejor respuesta a  sus incertidumbres. Estira las piernas refregándolas entre sí, suspira, cierra los ojos y ronronea.

Ella no sabe que está hablando del miedo. No sabe que porque tiene miedo está viva. No sabe que preguntarse es la respuesta.

No sabe Marina que cuando habla del miedo su boca parece muy decidida.  

domingo, 20 de mayo de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO


III

El hotel es chiquito y pálido, parecido a cualquier hotel junto al mar imaginable. No me sorprende. Por lo tanto, puedo dedicar mi mente íntegra a ordenar nuestra ropa. Cuando algo me sorprende (resulta mejor, peor o completamente disímil de lo imaginado (o, lo que es peor aún, es imposible ejercer tal valoración)) me anula. No comprendo. No asimilo. He estado años tratando de entender una circunstancia sorpresiva. Semanas intentando sacar conclusiones sobre lo (previamente) imaginado y lo (posteriormente) concreto.  La última vez que me crucé con un conocido del pasado pasé días en trance. En épocas depresivas se lo adjudico a falta de preparación de mi parte, en épocas de alta autoestima a este mundo loco y cruel.
Cuelgo en perchas las camisas y pantalones de mi marido, doblo en tres movimientos sus remeras, guardo medias y calzoncillos en un cajón, ubico su calzado (con las puntas hacia afuera) en el piso del placard. Mientras tanto pienso excusas: “porque me queda más cómodo, porque me cansé, porque no tenía ganas, porque no me alcanzan las perchas, porque la mía no se arruga”. Silencio mental y corpóreo. “Por si la ropa necesita huir rápidamente”, me auto-hago reír. 
Mi marido me mira desde la cama. No pregunta nada. Mi ropa me mira desde la valija. Me dice: Igual, por las dudas, ponete el vestido de flores.

FARSA



Ferrocarril
Fascinación
Fístula
Falso
Frustrada
Frontera
Fricción
Ficción
Fanfarria
Faso
Filmografía
Fiesta
Fosas
Fauna
Fluir
Ferviente
Festín
Fragancia
Fotografía
Fondo
Fe
Fósforo
Flâneur
Flebolitos
Frío
Fango
Fulminante
Fulero
Flics
Frambuesa
Falafel
Falucho
Frondoso
Fluorescente
Falange
Foráneo
Falta




lunes, 14 de mayo de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO


II

- A ustedes porque les encanta explicar lo que una ya sabe.
Marina se da vuelta (sé que me busca con la mirada) y me dice al oído:
- Vine polémica a este viaje. Preparáte.
Se ríe y yo también me río, pero por dentro, y no la miro porque no quiero ser del todo cómplice. Miro por la ventanilla. El día está despejado. Hay olor a verano: a cítricos, a bronceador, a repelente, a piel. Hay olor a todo lo que no existe en invierno. La existencia de una cosa siempre es la inexistencia de otra. La mente endereza mis ineficaces pensamientos. Las vacas me miran. El debate sigue allá afuera. Imposible seguirlo de cerca, imposible no formar parte. Si tuviera que graficarlo, sería una mancha de calor. Una mancha de calor oscura. Marina: “…festejan que el pendejo no llora…”. Los nuestros ríen. Sólo preveo. No medito. Me tatuaría algo así. Falta poco para llegar. La mente me mira: examina mis piernas fruncidas, mi ceño fruncido, mis ojos entrecerrados (debido a la concentración), mis ojos entrecerrados (debido al reflejo del sol). La mente me mira y yo miro a la mente mirar. Me pregunto si es posible este ejercicio. Todas las piezas vuelven a su lugar (la imagen es que se desmoronan).
- Ahora cuando lleguemos podemos ir un rato a caminar a la playa, ¿no?- la oración expone mis humildes intentos por ser normal, complaciente, por proponer y gustar, todo en la misma frase.
- Y podemos ponernos vestidos y bailar al borde del mar. – Marina responde con el tono exactamente contrario al que cualquiera usaría para semejante propuesta.
Ahora sí, nos reímos.

sábado, 5 de mayo de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO

I
-Mirala pobre. Se piensa que es divina porque tiene dos rubios y el marido se los hizo para que esté ocupada. Típico.

Miramos con Marina a la típica durante unos minutos con un claro lenguaje corporal de piernas y brazos cruzados: la vemos bajar del auto, bajar a los rubios –uno de ellos en brazos-, entrar a la estación de servicio, comprar agua mineral y golosinas, rastrear a su marido (“un buen motivo para sufrir”, coincidimos), hacerlo pagar y reclutar a sus muchachitos para volver al auto.

Se acercan los nuestros:

-Son trece kilómetros nada más. Ya nos ubicamos.

Pienso en mi charla con Marina del día anterior. Me habló de la condescendencia masculina, de esa condescendencia masculina. Me dijo que había podido detectarla en varias ocasiones. Me dijo que algunas veces más solapadamente. Sonrió, me dijo que cuando pensaba en eso sentía perfume a bolero (estábamos borrachas). Me dijo que escuchaba una voz sensual que ondulaba. Abrió bien los ojos y arqueó las cejas, como hace siempre que espera una respuesta. Una respuesta correcta. Por favor no te equivoques. El pedido de su mente no llegó hasta sus labios. Pero yo lo escuchaba. Estábamos borrachas.

Abuso deliberadamente de mi técnica de pregunta-afirmación:

- ¿Vieron que había que preguntar?

Y nos subimos al auto.