Te miro mirar

martes, 27 de marzo de 2012

PERONAJE NO ES LO MISMO QUE PERSONAJE

"Ojito conmigo"
"No contás más el cuentito"
"Te caigo con mi gentecita y se pudre"
"Te voy a hacer boletita"

Típicas expresiones de Mingo, el asesino a sueldo que usa diminutivos.

sábado, 24 de marzo de 2012

HOY VAMOS TODOS A LA PLAZA

A festejar que vivimos en democracia
y a procurar que NUNCA MÁS se repita.

sábado, 17 de marzo de 2012

MONSIEUR DECUR, ENCANTADA DE CONOCERLO

Gracias a La Luchi que siempre me ilustra...

conocí a este muchacho que dibuja que es un despelote!

MR. SALINGER, ENCANTADA DE CONOCERLO

(...)
Teddy no pareció darse cuenta de que alguien estaba de pie junto a su silla sobre su hombro, y, por ello, proyectando su sombra sobre su libreta de apuntes. Empero, algunas personas en las filas de atrás eran más fáciles de distraer. Miraron al joven como quizá solo la gente sentada en reposeras puede mirar. Sin embargo, el joven tenía una especie de aplomo que al parecer le hubiera permitido soportar indefinidamente sus miradas, con la sola condición de que no olvidara mantener una mano en el bolsillo. “¡Hola!” dijo a Teddy.
Teddy levantó los ojos: -Hola -dijo. Cerró en parte su libreta y en parte dejó que se cerrara sola.
-¿Te molesta que me siente, un minuto? -dijo el joven con una especie de cordialidad ilimitada-. ¿Está silla está ocupada?
-Bueno, estas cuatro sillas pertenecen a mi familia -dijo Teddy-, pero mis padres todavía no se han levantado.
-¿Todavía? En un día como este. . . -dijo el joven. Ya se había tendido en la reposera que estaba a la derecha de Teddy. Las sillas se hallaban tan cerca una de otra que los posabrazos se tocaban-. Es un sacrilegio -agregó-. Un verdadero sacrilegio. -Estiró las piernas de muslos extraordinariamente gruesos, casi como torsos humanos. Estaba vestido, en general, a la manera de la costa Este: por arriba el pelo muy corto y por abajo unos zapatos bastante usados, y en el medio un uniforme algo heterogéneo… medias de lana color beige, pantalones gris antracita, camisa de cuello abotonado, sin corbata, y chaqueta de tela espigada con toda la apariencia de haber envejecido en alguno de los seminarios para graduados más populares de Yale, o Harvard, o Princeton. -Dios mío, qué día divino -dijo admirativo, entornando los ojos bajo el sol-. Soy un esclavo del buen tiempo. -Cruzó los tobillos de sus gruesas piernas.- En realidad, puedo llegar a tomar un día corriente de lluvia como una ofensa personal. Así que esto es una manía para mí. -Aunque el tono de su voz era como se suele decir de buena cuna, se elevaba más de lo estrictamente necesario, como si hubiera llegado a la conclusión de que cualquier cosa que dijese habría de sonar con toda seguridad bastante bien, resultando inteligente, culta, incluso divertida o estimulante, no solo a Teddy sino a los que estaban sentados en la fila de atrás, si es que lo oían. Miraba de reojo a Teddy y se sonreía.- ¿Tú cómo te llevas con el tiempo? -preguntó. Su sonrisa no carecía de encanto, pero era social, de conversación, y se dirigía, aunque fuese indirectamente, a su propio ego . ¿,Alguna vez el tiempo te ha molestado más de lo normal? -preguntó, siempre sonriendo.
-No lo tomo como una cuestión personal, si es eso lo quiere decir -dijo Teddy.
El joven rió, echando la cabeza hacia atrás.
-Maravilloso -dijo-. Mi nombre, de paso, es Bob Nicholson. No recuerdo si te lo dije en el gimnasio. Por supuesto, tu nombre lo conozco.
Teddy desplazó su peso sobre un muslo y guardó la libreta en un bolsillo del pantalón.
-Te estaba viendo escribir desde allí arriba –dijo Nicholson como si contara un cuento y señalando con el dedo-. ¡Dios santo! Trabajabas como un negro.
Teddy lo miró: -Estaba escribiendo algo en mi libreta de apuntes.
Nicholson asintió con la cabeza, sonriente. -¿Qué tal Europa? -preguntó en tono de conversación-. ¿Te divertiste?
-Sí, mucho, gracias.
-¿A dónde fuiste?
Teddy de pronto se inclinó hacia adelante y se rascó una pantorrilla.
-Bueno, me llevaría demasiado tiempo nombrar todos los lugares, porque fuimos con el automóvil y cubrimos distancias bastante grandes -se apoyó otra vez en el respaldo-. Pero mi madre y yo estuvimos principalmente en Edimburgo, en Escocia, y en Oxford, en Inglaterra. Creo que en el gimnasio le conté que en esos dos lugares me entrevistaron. Sobre todo en la Universidad de Edimburgo.
-No, no creo que me lo hayas contado -dijo Nicholson-. Me preguntaba si te habían hecho algo así. ¿Cómo te fue? ¿Te zarandearon mucho?
-¿Cómo dice? -dijo Teddy.
-¿Cómo salió todo? ¿Fue interesante?
-A veces sí, a veces no -dijo Teddy-. Nos quedamos demasiado tiempo. Mi papá quería llegar a Nueva York antes que este barco. Pero vino a verme gente de Estocolmo, Suecia, y de Innsbruck, Austria, y tuvimos que esperar.
-Siempre pasa así.
Teddy lo miró de lleno por primera vez: -¿Usted es poeta? -preguntó.
-¿Poeta? -dijo Nicholson-. Dios, no. Por desgracia, no. ¿Por qué preguntas?
-No sé. Los poetas se toman siempre el tiempo tan a pecho. Siempre están metiendo sus emociones en cosas que no tienen ninguna emoción.
Nicholson, sonriendo, metió la mano en un bolsillo de la chaqueta y sacó cigarrillos y fósforos. -Yo creía, más bien, que ese era su material de trabajo -dijo-. ¿Acaso los poetas no se ocupan ante todo de las emociones? Al parecer Teddy no le había oído o no lo escuchaba. Miraba abstraído hacia las dos chimeneas que dominaban la cubierta de deportes.
Nicholson prendió su cigarrillo con alguna dificultad porque soplaba una leve brisa del norte. Se apoyó en el respaldo y dijo: -Pienso que los dejaste bastante perplejos…
-”Nada en la voz de la cigarra indica cuán pronto ha de morir” -dijo Teddy de repente-. “Nadie marcha por este camino en esta tarde de otoño.”.
-¿Qué es eso? -preguntó Nicholson sonriente-. Dilo de nuevo.
-Son dos poemas japoneses. No están llenos de cosas emocionales -dijo Teddy. De pronto se irguió en el asiento, inclinó la cabeza hacia la derecha y se dio una suave palmada en la oreja-. Todavía tengo un poco de agua en el oído que me entró ayer durante la lección de natación -dijo. Le dio otro par de palmadas a su oreja y luego se reclinó, descansando ambos brazos en los posabrazos. Era, por supuesto, una reposera normal, para adultos, y él se veía muy pequeño en ella, pero al mismo tiempo parecía, incluso, sereno.
-Creo que dejaste bastante perplejos a un montón de pedantes de Boston -dijo Nicholson, observándolo-. Después de esa última agarrada. A todo el grupo examinador de Leidekker, más o menos, si mal no recuerdo. Creo que te conté que en junio pasado tuve una charla bastante larga con Al Babcock. Escuché tu cinta grabada.
-Sí, así es. Me lo dijo.
-Creo que ese grupo quedó bastante desconcertado -insistió Nicholson-. Según me contó Al, una noche tuvieron una trenzada a muerte, creo que la misma noche que grabaste esa cinta. -Chupó una bocanada del cigarrillo.- Según entiendo, hiciste ciertos pronósticos que preocuparon enormemente a los muchachos. ¿Es así?
-Ojalá supiera por qué cree la gente que la emoción es tan importante -dijo Teddy-. Para mi madre y mi padre una persona no es humana si no piensa que hay cantidad de cosas muy tristes o muy molestas o… digamos, algo así como muy injustas. Mi padre se pone terriblemente emotivo hasta cuando lee el diario. Piensa que soy inhumano.
Nicholson sacudió la ceniza del cigarrillo en un costado. -Supongo que tú no te emocionas -dijo.
Teddy pensó antes de contestar.
-No recuerdo haberme emocionado nunca -dijo-. No sé qué utilidad puede tener eso.
-Amas a Dios ¿no es así? -preguntó Nicholskn, con una calma un poco excesiva-. ¿No vendría a ser ese tu fuerte? Por lo que escuché en esa cinta y por lo que Al Babcock me…
-Sí, claro. Lo amo. Pero no lo amo sentimentalmente. Él jamás dijo que había que amarlo en forma sentimental -dijo Teddy-. Si yo fuera Dios, no querría que la gente me amara sentimentalmente. Los sentimientos no son dignos de confianza.
-Quieres a tus padres, ¿verdad?
-Sí… mucho -dijo Teddy-. Pero usted desea hacerme usar esa palabra para darle el significado que le interesa… ya me doy cuenta.
-Está bien. ¿Con qué significado deseas emplearla tú?
Teddy lo pensó.
-¿Conoce el significado de la palabra “afinidad”? -preguntó, volviéndose hacia Nicholson.
-Tengo una idea aproximada -dijo Nicholson secamente.
-Tengo una gran afinidad con ellos. Quiero decir que son mis padres y todos formamos parte de una armonía recíproca -dijo Teddy-. Quiero que disfruten mientras vivan, porque les gusta pasarlo bien… Pero ellos no me quieren a mí ni a Booper, que es mi hermana, de ese mismo modo. Lo que quiero decir es que parece que no pueden querernos tal como somos. Parece que no pueden querernos si no intentan cambiarnos un poquito. Quieren sus motivos para querernos tanto como nos quieren a nosotros, y a veces más. Así no es tan bueno. -De nuevo se volvió hacia Nicholson, esta vez inclinado un poco hacia adelante.- Por favor ¿qué hora es? Tengo una clase de natación a las diez y media.
-Tienes tiempo -dijo Nicholson sin mirar su reloj pulsera. Retiró el puño de la chaqueta-: Son las diez diez -dijo.
-Gracias -dijo Teddy, y se recostó-. Podemos seguir disfrutando de la conversación unos diez minutos más.
Nicholson dejó caer una pierna hacia el costado de la reposera, se inclinó, y pisó la colilla del cigarrillo. -Si mal no entiendo -dijo-, tú estás muy de acuerdo con la teoría vedántica de la reencarnación.
-No es una teoría. Es una parte…
-Está bien -dijo Nicholson rápidamente. Sonrió y suavemente alzó las palmas de las manos en una especie de irónica bendición-. No vamos a discutir esa cuestión, por el momento. Déjame terminar -de nuevo cruzó sus gruesas piernas, extendidas-. Según puedo entender, has obtenido ciertos datos por los cuales has llegado a convencerte de que en tu última encarnación eras un santón de la India, pero que perdiste más o menos la gracia…
-Yo no era un santón -dijo Teddy. Era solo un hombre que había alcanzado un gran progreso espiritual. -Bueno… lo que sea -dijo Nicholson-. Pero lo importante es que crees que en tu última encarnación perdiste más o menos la gracia antes de llegar a la Iluminación final. ¿Es así, o yo… ?
-Así es -dijo Teddy-. Me encontré con una señora, y dejé de meditar -retiró los brazos de los posabrazos y metió las manos debajo de los muslos, como para abrigarlas-. De todos modos hubiera tenido que tomar otro cuerpo y regresar a la Tierra… quiero decir que no habría adelantado tanto espiritualmente como para morir, en el caso de que no hubiera encontrado a esa señora, y llegar directamente a Brahma, sin tener que volver a la Tierra. Pero de no haberme encontrado con esa señora no habría tenido que encarnarme en un cuerpo norteamericano. Quiero decir, es muy difícil meditar y llevar una vida espiritual en Estados Unidos. Al que trata de hacerlo la gente lo toma por un bicho raro. En cierto modo, mi padre piensa que soy un bicho raro. Y mi madre… bueno, ella cree que no me hace bien estar pensando continuamente en Dios. Cree que me hace mal a la salud.
Nicholson lo miraba, estudiándolo.
-Me parece que en la última cinta dijiste que tuviste tu primera experiencia mística a los seis años. ¿No es así?
-Tenía seis años cuando me di cuenta de que todo era Dios, y se me erizó el pelo y todo eso -dijo Teddy-. Recuerdo que era domingo. Mi hermana era apenas una criatura entonces, y estaba tomando la leche, y de repente me di cuenta de que ella era Dios y que la leche era Dios. Quiero decir que lo que estaba haciendo era verter a Dios dentro de Dios, no sé si me interpreta.
Nicholson no dijo nada.
-Pero ya podía salir muy a menudo de las dimensiones finitas cuando tenía cuatro años -dijo Teddy, como siguiendo el curso de sus recuerdos-. No en forma continua ni nada de eso, pero bastante seguido.
Nicholson asintió. -De veras? -dijo-. ¿Podías?
-Sí -dijo Teddy-. Eso estaba en la cinta. . . o tal vez en la cinta que grabé en abril último… no estoy seguro.
Nicholson sacó otra vez un cigarrillo, pero sin quitarle a Teddy los ojos de encima.
-¿Cómo sale uno de la dimensión finita? -preguntó, con una breve carcajada-. Quiero decir, para empezar de forma muy elemental, un trozo de madera es un trozo de madera, por ejemplo. Tiene largo, ancho…
-No los tiene. Ahí es donde usted se equivoca -dijo Teddy-. Todos creen que las cosas se detienen en un cierto punto. No es así. Eso es lo que estaba tratando de decirle al profesor Peet. -Se corrió en la silla, sacó un pañuelo, una horrible cosa gris, comprimida, y se sonó.- La única razón por la cual los objetos parecen detenerse en cierto punto es porque la gente no conoce otra manera de mirarlos -dijo-. Pero eso no significa que sea así -guardó el pañuelo y miró a Nicholson-. ¿Quiere levantar el brazo un segundo, por favor? -pidió.
-¿El brazo? ¿Por qué?
-Levántelo. Un segundo, no más.
Nicholson levantó el brazo unos centímetros por encima del nivel del posabrazo.
-¿Este? -preguntó.
Teddy asintió.
-¿A eso cómo lo llama? -preguntó.
-¿Qué quieres decir? Es mi brazo. Un brazo.
-¿Cómo lo sabe? -preguntó Teddy. Usted sabe que se llama brazo, pero, ¿cómo sabe que es un brazo? ¿Tiene alguna prueba de que sea un brazo?
Nicholson sacó un cigarrillo y lo encendió.
-Francamente, todo esto me suena a sofisma de la peor clase -dijo, exhalando el humo-. Es un brazo, diablos, porque es un brazo. En primer lugar, tiene que tener un nombre para que se lo pueda distinguir de los otros objetos. Quiero decir, que no puedes simplemente…
-Usted se está poniendo lógico -dijo Teddy sin perder la calma.
-¿Me estoy poniendo cómo? -dijo Nicholson con un leve exceso de cortesía.
-Lógico. Me está dando una respuesta corriente, inteligente -dijo Teddy. Yo estaba tratando de ayudarlo. Usted me preguntó cómo hago para salir de las dimensiones finitas cuando quiero. Desde luego, no empleo la lógica cuando lo hago. La lógica es lo primero que hay que dejar de lado.
Nicholson se quitó con los dedos una hebra de tabaco que tenía en la lengua.
-¿Usted conoce a Adán? -le preguntó Teddy.
-¿Si conozco a quién?
-A Adán. El de la Biblia.
Nicholson sonrió.
-Personalmente, no -dijo secamente.
-No se enoje conmigo -dijo Teddy vacilando-. Me hizo una pregunta, y yo…
-No estoy enojado contigo, por Dios.
-Bien -dijo Teddy. Estaba reclinado en su asiento, pero tenía la cabeza vuelta hacia Nicholson-. ¿Se acuerda de la manzana que Adán comió en el jardín del Edén, como se cuenta en la Biblia? -preguntó-. ¿Sabe lo que había en esa manzana? Lógica. La lógica y además cosas intelectuales. Eso es lo único que tenía adentro. Así que (esto es lo que quiero señalar) lo que tiene que hacer es vomitar todo eso si quiere ver las cosas como realmente son. Quiero decir que si lo vomita entonces no va a tener más problemas con bloques de madera y cosas así. Ya no verá las cosas detenidas todo el tiempo. Y sabrá qué es en realidad su brazo, si le interesa saberlo. ¿Comprende lo que quiero decir? ¿Me entendió?
-Lo entendí -dijo Nicholson, más bien brevemente.
-El problema es -dijo Teddy- que la mayoría de la gente no quiere ver las cosas tal como son. Ni siquiera dejar de nacer y morir a cada rato. Quieren tener constantemente cuerpos nuevos, en vez de detenerse y permanecer en Dios, donde se está bien de veras. -Reflexionó.- Nunca vi una banda semejante de comedores de manzanas. -Meneó la cabeza. En ese momento un camarero de cubierta, que hacía su ronda en ese sector, se detuvo frente a Teddy y a Nicholson y les preguntó si querían tomar el caldo de la mañana. Nicholson no contestó. Teddy dijo: -No, gracias -y el camarero continuó su recorrido.
-Si no quieres discutirlo, no tienes por qué hacerlo -dijo Nicholson de pronto y con cierta brusquedad. Sacudió la ceniza de su cigarrillo-. Pero ¿es cierto o no, que le dijiste a todo el grupo examinador de Leidekker (Walton, Pect, Larson, SamueIs y todos ellos) cuándo y dónde y cómo morirían?/¿Es cierto o no es cierto? Nadie te obliga a decirlo, pero por lo que se contaba en Boston…
-No, no es cierto -dijo Teddy con énfasis-. Les dije los lugares y los momentos en que debían tener mucho, mucho cuidado. Y les sugerí algunas cosas que les convendría hacer… Pero no dije nada más. No hablé de nada que fuera inevitable de ese modo -de nuevo sacó su pañuelo y lo usó. Nicholson lo observaba, esperando-. Y al profesor Peet no le dije nada de eso. En primer lugar, no era uno de los que se divertían haciéndome toda clase de preguntas. Lo que le dije al profesor Peet es que no debía ser profesor después de enero, eso es lo único que le dije -Teddy, recostado contra el respaldo, calló un instante-. Los otros profesores me obligaron prácticamente a contar toda esa historia. Fue cuando habíamos terminado la entrevista y grabábamos la cinta, y era muy tarde, y todos estaban sentados fumando sus cigarrillos y poniéndose muy quisquiIlosos.
-Pero, ¿no le dijiste a Walton o a Larsen, por ejemplo, cuándo o dónde o cómo les llegaría la muerte? -insistió Nicholson.
-No, señor. Nada de eso -dijo Teddy categóricamente-. Yo no quería decirles nada de todo eso, pero ellos insistían en hablar del asunto. En realidad, el que más o menos empezó la cosa fue el profesor Walton. Dijo que realmente quería saber cuándo iba a morir, porque entonces sabría qué trabajo hacer y qué trabajo dejar de lado, y cómo usar el tiempo de la mejor manera posible, y todo eso. Y entonces todos insistieron… Así que les dije un poco más.
Nicholson no dijo nada.
-Pero no es cierto que yo les dije cuándo se iban a morir. Es un rumor totalmente falso -dijo Teddy-. Podría haberlo hecho pero sabía que en el fondo no lo querían saber. Lo que quiero decir es que aunque enseñan religión y filosofía y cosas así, siguen teniendo bastante miedo de morir -Teddy, sentado, o reclinado, guardó silencio un minuto.- !Es tan tonto! -dijo-. Lo único que pasa es que cuando uno muere se escapa del cuerpo. Caramba, si todos lo hemos hecho miles y miles de veces. El hecho de que no se acuerden no significa que no haya ocurrido. Es tan tonto.
-Tal vez. Tal vez -dijo Nicholson-. Pero lo lógico sigue siendo que por mucha inteligencia que…
-Es tan tonto -dijo Teddy otra vez-. Por ejemplo, tengo una lección de natación dentro de cinco minutos. Podría bajar a la piscina y encontrarme con que no tiene agua. Podría ser el día en que cambian el agua, por ejemplo. Podría pasar, por ejemplo, que yo caminara hasta el borde, como para mirar el fondo, y que mi hermana viniera y me diera un empujón. Podría fracturarme el cráneo y morir instantáneamente -Teddy miró a Nicholson-. Podría ocurrir -dijo-. Mi hermana solo tiene seis años, y no hace muchas vidas que es ser humano, y no me quiere mucho. Podría pasar, desde luego. -Pero ¿qué tendría de trágico? ¿De qué podría tener miedo? Después de todo, yo no estaría haciendo más que lo que debo hacer, ¿verdad?
Nicholson gruñó suavemente.
-Tal vez no fuera una tragedia desde tu punto de vista, pero seguramente sería una cosa triste para tu mamá y tu papá -dijo-. ¿No pensaste en eso?
-Sí, claro que lo pensé -dijo Teddy-. Pero solo es porque tienen nombres y emociones para todo lo que ocurre -había tenido las manos metidas debajo de los muslos pero las sacó de nuevo, las metió debajo de las axilas, y miró a Nicholson-. ¿Conoce a Sven, eI encargado del gimnasio? -preguntó. Esperó a que Nicholson asintiera-. Bueno, si Sven soñara esta noche que se muere su perro, dormiría muy mal, porque le tiene enorme cariño a ese perro. Pero al despertarse por la mañana, todo estaría bien. Se daría cuenta de que todo había sido nada más que un sueño.
Nicholson asintió: -¿Qué quieres decir, exactamente?
-Que si el perro muriera de verdad, sería exactamente lo mismo. Solo que no se daría cuenta. Se daría cuenta únicamente al morir él mismo.
Niicholson, con aire abstraído, ocupaba su mano derecha en masajearse lenta y sensualmente la nuca. Su mano izquierda, inmóvil sobre el posabrazos, con un nuevo cigarrillo aún sin encender suspendido entre los dedos, parecía curiosamente blanca e inorgánica en la radiante luz del sol.
Teddy, de pronto, se incorporó: -Lo siento pero ahora sí tengo que irme -dijo. Se sentó haciendo equilibrio en el posapiés extendido ante su silla, enfrentando a Nicholson, y se metió la camiseta dentro de los pantalones-. Calculo que tengo más o menos un minuto y medio para llegar a la clase de natación -dijo-. Es justo aquí abajo en la cubierta E.
-¿Puedo preguntarte por qué le dijiste al profesor Peet que debía dejar de enseñar a principios del año próximo? -preguntó Nicholson, sin rodeos-. Conozco a Bob Peet. Por eso te lo pregunto.
Teddy se ajustó su cinturón de cuero de cocodrilo.
-Solo porque es un hombre muy espiritual, y ahora está enseñando un montón de cosas que no lo van a beneficiar nada si realmente quiere hacer algún progreso espiritual. Lo estimula demasiado. Es hora de que empiece a quitarse cosas de la cabeza en lugar de llenarla cada vez más. Podría desembarazarse de un montón de manzanas en esta vida, con solo proponérselo… Es muy bueno meditando -Teddy se levantó-. Es mejor que me vaya. No quiero llegar demasiado tarde.
Nicholson lo miró y sostuvo su mirada, deteniéndolo: ¿Qué harías si pudieras modificar el sistema de enseñanza? -preguntó ambiguamente-. ¿Alguna vez pensaste en eso?
-Tengo que irme, de veras… -dijo Teddy.
-Contéstame esa única pregunta -dijo Nicholson-. En verdad, la enseñanza es mi tema… es en lo que me ocupo. Por eso te pregunto.
-Bueno… no estoy muy seguro de lo que haría -dijo Teddy-. Lo que sé es que no empezaría con las cosas con que por lo general empiezan las escuelas. -Cruzó los brazos y reflexionó un instante.- Creo que primero reuniría a todos los niños y les enseñaría a meditar. Trataría de enseñarles a descubrir quiénes son, y no simplemente cómo se llaman y todas esas In cosas… Pero antes, todavía, creo que les haría olvidar todo lo que les han dicho sus padres y todos los demás. Ouiero decir, aunque los padres les hubieran dicho que un elefante es grande, yo les sacaría eso de la cabeza. Un elefante es grande solo cuando está al lado de otra cosa, un perro, o una señora, por ejemplo -Teddy recapacitó durante otro instante-. Ni siquiera les diría que un elefante tiene trompa. Cuanto más, les mostraría un elefante, si tuviera uno a mano, pero los dejaría ir hacia el elefante sabiendo tanto de él como el elefante de ellos. Lo mismo haría con el pasto y todas las demás cosas. Ni siquiera les diría que el pasto es verde. Los colores son solo nombres. Porque si usted les dice que el pasto es verde, van a empezar a esperar que el pasto tenga algún aspecto determinado, el que usted dice, en vez de algún otro que puede ser igualmente bueno y quizá mejor. No sé. Yo les haría vomitar hasta el último pedacito de manzana que sus padres y todos los otros les han hecho morder.
-¿No se correría el peligro de formar una generación de pequeños ignorantes?
-Por qué? No serían más ignorantes que un elefante. 0 un pájaro. 0 un árbol -dijo Teddy-. El hecho de que se sea de cierta forma en lugar de comportarse simplemente de cierta forma, no significa que alguien sea un ignorante.
¿No?
-! No! -dijo Teddy-. Además, si quisieran aprender todo lo demás, nombres, y colores, y otras cosas, podrían hacerlo; si les gustara, cuando tuvieran más edad. Pero yo querría que ellos empezaran con las verdaderas formas de mirar las cosas y no mirándolas como hacen todos los otros comedores de manzanas. Eso es lo que quiero decir -se acercó a Nicholson y le tendió la mano-. Tengo que irme ahora. En serio. He pasado un momento muy…
-Un segundito no más, siéntate un minuto -dijo Nicholson-. ¿Pensaste alguna vez que podrías hacer algún estudio cuando seas grande? ¿Alguna investigación en medicina, o algo así? Yo pienso que tú, con tu inteligencia, podrías…
Teddy contestó, pero sin sentarse.
-Lo pensé una vez, hace un par de años -dijo-. Había hablado con algunos médicos -meneó la cabeza-. No me interesaría mucho. Los médicos se quedan demasiado en la superficie. Siempre están hablando de células y cosas así.
-¿Ajá? ¿Para ti no tiene importancia la estructura celular?
-Sí, por supuesto. Pero los médicos hablan de las células como si tuvieran una importancia tan ilimitada en sí mismas. Como si en realidad no pertenecieran a la persona que las posee. -Con una mano Teddy se apartó el pelo de la frente.- Yo hice crecer mi propio cuerpo -dijo-. Nadie lo ha hecho por mí. De modo que si yo lo hice crecer, debo saber cómo. Por lo menos inconscientemente. Tal vez haya perdido en los últimos cientos de miles de años el conocimiento consciente de cómo hacerlo crecer, pero ese conocimiento todavía está ahí porque, evidentemente, lo he usado… Se necesitaría mucha meditación y vacío para recuperarlo todo, quiero decir, el conocimiento consciente, pero uno podría hacerlo si quisiera. Si se abriera lo suficiente. -De pronto estiró una mano hacia abajo y levantó el brazo derecho de Nicholson separándolo del posabrazos. Lo sacudió una sola vez, cordialmente, y dijo:- Adiós. Tengo que irme. Esta vez Nicholson no fue capaz de detenerlo, con tanta rapidez salió corriendo por el pasillo.

El principio y el final de "Teddy" en Nueve Cuentos, J.D. Salinger.

(La edición de Edhasa es comprable a muy copado precio en la Avenida Corrientes, para los que también odian leer pantallas)

martes, 13 de marzo de 2012

POESIA VINTAGE II

Hoy tengo ganas de hacer el mal
Si tuviera una habitación le escribiría todas las paredes

Contrario a eso:
le regalo a mi madre todos mis poemas
me subo a un auto
y viajo por la ruta con algunos libros,
poca ropa, ciertos discos

En ese viaje aprendo a convivir conmigo misma
me conozco
me vuelvo más humilde
disfruto de la simpleza de la vida
y todo eso

A mi regreso filmo una película mala
autorreferencial
con la que tengo mucho éxito
Gano el león de oro
la palma de oro
y demás distinciones

Me aburre el éxito
me drogo mucho
conozco gente que no me importa
tengo un hijo que no quiero tener
y sigo ganando plata

Entonces vuelvo a la ruta
pero esta vez en un convertible rojo a lo Isadora Dunkan
Y vuelvo a ser la persona soberbia
y sin talento
que soy ahora.

(2007)

domingo, 11 de marzo de 2012

DIVAGAR

Durazno
Dadá
Dulce
Dramaturgia
Derrota
Díscolo
Diatriba
Dime y diretes
Diadema
Diapasón
Dromedario
Durlock
Dínamo
Desglosar
Dorado
Drogas
Doña
Dinastía
Dale
Dorsal
Dibujar
Distancia
Discreto
Ducha
Desnivel
Dios
Dogma
Dosmil
Drôle
Delicatessen
Dentífrico
Durmiente
Discrepar
Destino
Desatar
Desastre
Deseo

domingo, 4 de marzo de 2012

POESIA VINTAGE I





PRESTANDO ATENCIÓN

Escribir sobre lo que está detrás de todo
Pensar sobre lo que está detrás de todo
y tener la sensación de tener que estar pensando en otra cosa

Presenciar una clase universitaria
Observar simultáneamente:
a un profesor hablando en tono serio y demasiado pausado
a unos pájaros moviéndose rápido
a los bigotes a lo Freddy Mercuri del tipo de mantenimiento
a mis compañeros prestando atención
a las diapositivas proyectándose

Y detrás de todo esto:
las diapositivas sobre el rostro del profesor
los pájaros volando detrás del tipo de mantenimiento
los compañeros prestando atención

Y sobre todo esto:
indagar sobre el tipo de mantenimiento
sobre su bigote
su orientación política y su estado civil
indagar sobre el movimiento de los pájaros
sobre sus hábitos de convivencia
y la incidencia de sus ruidos en el medio ambiente
indagar sobre la ubicación de los compañeros en los pupitres
sobre el por qué de su elección
indagar sobre las imágenes proyectadas
sobre las distintas texturas
sobre las imágenes proyectadas sobre las distintas texturas.


Mayo 2007


NUEVAS Y DELIRANTES (Y OBSCENAS) ESTRATEGIAS PUBLICITARIAS I

Impreso en la etiqueta de Géau Vitamin Water (esas aguas con colores extravagantes), en su versión ignite "para que no decaiga":



"ese conejito que sigue y sigue siempre nos ha impresionado. nada parece detenerlo, podría cruzar el microcentro completo, si no hubiera siempre piquetes. podría anotarse en el maratón de la ciudad de buenos aires y también en el de new york sin pestañear. y si fuera conejita...imaginate...
queremos que vos también tengas energía, así que mezclamos agua con guaraná y vitaminas b para darte un impulso para ayudarte a que sigas y sigas y sigas.
eso sí, sin tomarte nada que te deje el pulso de baterista, claro, salvo que seas baterista".


Aún no he podido elaborar estudio de campo con las etiquetas de los demás sabores.

Temo.