Te miro mirar

miércoles, 28 de noviembre de 2012

IRSE DE TEMA


Me gusta la palabra parloteo, así como me gusta la palabra locutor, como retumbando la R, locutor… y me gusta más la palabra interlocutor… como si la R sonara más todavía, interlocutor… usted es interlocutor… yo que soy más bien oreja, muevo la cabeza mientras le hago el dobladillo, tengo siempre alfileres apretados en los labios, sólo muevo la cabeza, tenga o no tenga alfileres, los labios hay que tenerlos cerrados, no vaya a ser cosa que una diga lo que no debe… desde chica, con las clientas lo de los alfileres resulta… y mire que por estos lados se escucha de todo, pero yo, una tumba, una tumba con alfileres, los alfileres son como las flores en esta boca de tumba.
Pero ahora que se fueron aprovecho para mover las cuerdas. No sé si se da cuenta de que cuando hablo muevo cuerdas.
Esas cuerdas que nadie ve pero tiemblan… como esa vez que un hombre me acarició la garganta y las cuerdas temblaron en un sonido mudo, como un quejido seco… y pensé, si se da cuenta, que vergüenza, que falta de recato, cuerdas traicioneras…
Como las cuerdas de los violines y guitarras… esas cuerdas que suenan en las películas cuando las parejas se tocan… esas cuerdas no sonaron cuando me tocó. Me refiero a que esperé que una música de violines nos envolviera pero no… se oía el sonido de su respiración cerca de mi cara y el quejido que venía de mi garganta… será porque yo no estaba preparada, era una purreta que poco sabía de esos menesteres… tampoco supe mucho más después… debió ser por la incomodidad del momento que no se volvió a repetir… fue durante el carnaval… después de un baile… en un rincón en el club… yo tenía la cabeza llena de espuma y papel picado… él se ofreció a limpiarme y le dije que sí, que claro, sin saber que no tenía intenciones santas para conmigo, así son los hombres… era buen mozo… ahí contra la pared, con su aliento cerca, lo pude ver bien… debió ser el quejido que me salió de la garganta lo que hizo que me soltara. Como si tuviera miedo de haberme acogotado. Me miró mientras se alejaba y dijo algo que no entendí por el ruido de una comparsa que pasaba, lo vi cuando se alejaba corriendo… y la garganta me quedó como afiebrada… durante días usé un pañuelo de seda atado para aflojar ese dolor…
Me voy de tema.

Fragmento de "Nada del amor me produce envidia", Santiago Loza.

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