Te miro mirar

martes, 20 de noviembre de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO


XII

Marina vuelve a contarme de la voz sensual que ondula. El miedo a ser ella misma y la voz sensual que ondula son sus temas recurrentes. El miedo a ser ella misma, debido a la vehemencia y al nivel de reflexión que requiere, es para ocasiones de sobriedad. La voz sensual que ondula, como toda idea primitiva e improvisada, se presenta en situaciones de extrema ebriedad. No le cuesta a Marina llegar a tales situaciones. A mí tampoco.
- Al final somos todas iguales – Sentencia.
Y yo le digo que sí. Juego a generalizar y le digo que somos todas iguales. Y avanzo más allá y le digo que por eso sabemos qué es lo que la otra quiere. O necesita. O desea. Me pregunto cómo llegó la palabra deseo a mi boca. Siento que es la primera vez que la digo: deseo. Se me desliza por la lengua como algo que se derrite.
- Qué es lo que me gusta. A la otra no, a mí. – Me corrige.
Aunque no me preguntó nada, abre grandes los ojos, arquea las cejas y espera. El pedido de su mente no llega hasta sus labios. Pero yo la escucho. La escucho porque yo también soy mujer, porque yo también tengo miedo.
Me gustaría hacer muchas preguntas. Tener la boca decidida de Marina para, frente al miedo, preguntar. Me gustaría saber. Un poco, no completamente o del todo, hasta cierto punto. Me gustaría realmente creer que somos todas iguales y no tener que estar borracha para convencerme. Me gustaría creer que alguien sabe de mi deseo.
Me gustaría que a ella también se le deslice en la lengua como algo que se derrite.

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