Te miro mirar

martes, 16 de octubre de 2012


El otro día, en la estación de Lanús, me habló por un ratito un loco.

Señor grande él, con camisa y bajo el brazo una de esas carteras de cuero de hombre que me hacen acordar a mi abuelo Pedro.
Me abordó súbitamente, empezó a hablarme de la bici, de que bien que hace andar en ella. Parecía un promotor macrista (es frívolo, pero una de las cosas que más odio de la Macri gestión es asociar algo tan sublime como una bicicleta con un hijo de puta semejante).
Después me preguntó si tengo novio. Estaba preocupado por la violencia de género: nombró diversos casos de hombres que atacaron o mataron a sus mujeres. Me dijo que una vecina de él dejó a un novio que tenía a la primera escena de celos que le hizo. Según él estaba bien, para muestra basta un botón.
Continuó con una teoría sobre los objetos y las personas, la manera en que éstos importan más que aquellas hoy en día, la diferencia entre su época y la actual (siempre me llama la atención como la gente grande utiliza el término "mi época", como si fueran muertos vivos, como si el tiempo actual ya no les perteneciera).
Antes de irse, se despidió. Alberto se llamaba, se llama. De mi nombre opinó "Carla, sos italiana -una mezcla entre interrogación y admiración, un símbolo que aún no se inventó- felicitame a tus padres, no te pusieron ni Rosa ni María y encima tenés los ojos verdes. ¿Coincidimos?".
La expresión coincidimos, muletilla que yo le detecté enseguida que empezó a hablarme, había acompañado cada uno de sus temas -mi participación fue bastante limitada- como una invitación grata o como una intimación a no pensar distinto.

Me di cuenta que estaba loco porque me preguntó muchas cosas y porque me contó muchas otras a una velocidad descontrolada, hilvanando frenética e ilogicamente diversos temas, sacando conclusiones desmesuradas, apelando a frases hechas y a lógicas deshechas, buscando la coincidencia. Como en el juego de las siete diferencias, pero al revés. Ese coincidimos parecía pedir algo desesperadamente, un lugar en común, una complicidad, un consuelo.

En realidad, no sé por qué me di cuenta que estaba loco.

2 comentarios:

belén.- dijo...

precioso carla.

J.P. Sastre dijo...

Loco + Estación, siempre me acuerdo de esto, la infinidad de veces que sale el tema:

Este es un loquito

Por lo demás, muy lindo.