Te miro mirar

viernes, 12 de octubre de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO

XI

Marina los mira y me dice cómplice:
- Y bue, no se puede comer pizza de rúcula y jamón crudo todos los días.
El marido de La Típica abraza a su mujer y le pregunta como la pasó, como un padre a su hija que vuelve de un cumpleaños. Ella se suelta del abrazo para alzar al más chiquito y lo llena de besos. Con un tono maternal entre didáctico y automático, un tono que no espera respuesta (por obvios motivos de falta de oralidad de su pequeño y (no todavía) interlocutor) le responde a su niño lo que su marido le preguntó:
- ¡Fuimos a la playa con las chicas!... ¿Vos que hiciste con papá mi amor?, ¿Ustedes también fueron a la playa?, ¿Se divirtieron?, ¡Que bueeeeeeno!
El niño le toca la boca, como sin comprender por qué su mamá volvió tan llena de sonidos. Balbucea cosas sin sentido. La Típica parece comprender porque sonríe y le contesta. El otro niño la reclama desde el piso. El marido le sigue hablando, recibiendo las respuestas a través del embudo humano de sus hijos. Me canso solamente de verlos. Marina charla con los nuestros. Parece aliviada de volver a verlos, como si hubiéramos hecho un largo viaje.  
Nos despedimos.
Marina no quiere irse a dormir, está entusiasta, dice que manejar la pone activa.
Propongo ir a cenar y después de copas. Alego falta de atención, argumento  que ya salieron solos y ahora nos toca a nosotras, reclamo una salida de cuatro, que hace mucho que no.
No entiendo por qué digo lo que digo.

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