Te miro mirar

viernes, 26 de octubre de 2012

DE BURZACO A LANUS

Hacía mucho tiempo que no la usaba para algo tan digno. Fue un gesto de esos, demasiado espontáneo para considerarlo adulto. Me salió de la boca medio reseca, roja, caliente. Tomó fresco durante casi una cuadra, con intervalos. Después fue parte de una risa que se manifestó en forma de carcajada durante otra cuadra más.

Canjeaba smog y ruidos molestos por el -muy romántico pero no menos desdeñable-  empedrado. Menguaba con alguna veredita y así iba, disfrutando de andar en bicicleta, como se dice, “por adentro”. Le hacía burla al “por afuera” de la avenida y sus impaciencias.

(Siempre pienso que, si dejara de vivir en el sur, extrañaría como pocas cosas ver a la gente en las veredas, terminando el día-día. Como salen con los primeros calores a tomar el fresco, a cuidar a los chicos mientras andan en bici por la vereda. Verlos cortando el pasto, ver a los viejos que te saludan aunque no te conozcan, con una inclinación de cabeza que significa muchas palabras. Creo que es lo único que extraño del calor cuando éste no está.)

A la altura de Adrogué, en una de esas calles empedradas, esperábamos para cruzar. Un auto y yo, detrás otro más que presentí, luego confirmé su odiosa presencia. La demora que tuvimos en arrancar fue casi una sensación. Fue un segundo en el que me rasqué un cachito más un brazo. El tipo del auto de al lado no sé qué estaría haciendo. Yo me rascaba los brazos. La transpiración y el material del saquito que llevaba puesto parecían provocarme una especie de alergia. Ya se sabe, en cuestión de rasquidos un segundo o un milímetro más (o menos), hacen la diferencia.

De nuestro (cuando estoy en ese estado siento que no me pertenece solamente a mi, que es nuestro) idilio nos saca un estrepitoso bocinazo. Es el tipo de atrás, claramente, el de la odiosa presencia. Me doy vuelta y le digo “¡Pasá! ¿Tan apurado estás?”, que es una pregunta muy boluda que suelo hacer en tales circunstancias. Pregunta que, si la escuchara en boca de otra mujer me daría ternura. En la mía, casi vergüenza de no tener una réplica superior. El tipo me pasa y, mientras, suelta un “¿Por qué no vas a andar a la plaza?” o algo así. Yo pienso: ¿Me manda a la plaza porque considera que mi nivel de pedaleada es muy de –digamos- recreación para una calle transitada por gente tan apresurada como él? O…. ¿me envia a la plaza porque piensa que estoy gorda? Está bien, ambas son válidas, estoy un tanto vaca.*

Y ahí, surge ella. Emana, como de las tinieblas. Sin presentarse, sin pedir permiso. Brota de los rincones más recónditos, como una duda. Mi lengua mía es sacada, se sale de mi boca y se ofrece a la vista del conductor, quien acelera y se pierde a lo lejos. Como la quise a mi lengua esas dos cuadras.

*La premisa dos luego fue anulada. Me ligué unas cuatro o cinco “chau hermosa” y afines en el trayecto a mi casa. Toda mujer sabe que tres o cuatro chauhermosas le recontra ganan a un insinuado gorda. O eso nos encanta creer.

2 comentarios:

belén.- dijo...

no habia leido este! no se que me pasó.

cada vez me gusta mas lo lindo que escribís.

Pelu dijo...

gracias, che!