Te miro mirar

martes, 4 de septiembre de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO


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Volvemos con la caída del sol, acordes a la situación: despeinadas, mal bronceadas, con el cuerpo cansado. La Típica mira por la ventanilla envuelta en un toallón, tirada en el asiento, con el mentón apoyado en su puño.
Marina me habla de comida. Evaluamos la posibilidad de cenar unas pizzas. Comparamos parejas con alimentos:
- La pizza de rúcula y jamón crudo, es como salir con un tipo inteligente y que te coja bien. En cambio un plato de arroz, aunque bien condimentado, nunca será más que un buen candidato, ese que todas te elogian pero ninguna está dispuesta a elegir. Lo que se dice “un buen partido”. El almidón, con el tiempo, te lo pone intragable, pastoso. Otra que se complica es el hombre fainá, va como complemento, pero así solito te deja con hambre.
Nunca me aburro de estar con Marina. Dudo que a ella le pase lo mismo. Es cierto que me expresa su cariño, o lo que entiendo por cariño de su persona hacia la mía. Me hace regalos para mi cumpleaños, regalos que evidencian un cierto estudio de mercado previo. Hablamos regularmente, compartimos charlas interesantes. Se interesa por mi opinión, si no la ofrezco la reclama. Compartimos salidas al cine, nos tomamos un café después del día laboral. Alguna vez nos hemos acompañado a hacer alguna compra fastidiosa, de esas que una posterga hasta fecha límite. Cumplimos con el ritual de pasarnos música de nuestros Mp3, nos recomendamos páginas web.
Sin embargo, nunca tuvimos salidas sociales. No conoce al resto de mi familia, ni a mis otras amigas. Son contadas las veces que nos visitamos en nuestras respectivas casas. Nunca compartimos nada con otra gente. Excepto con nuestros maridos, pero siempre nos alejamos de ellos.

Como si estar juntas habilitara una libertad de la cual el resto del tiempo carecemos.

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