Te miro mirar

miércoles, 6 de junio de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO


V

Los nuestros y el marido de la típica se hacen amigos de playa después de cierta conversación (vista pero no oída) que desconocemos. El marido de la típica (que al momento de la cita porta  un jean cuyo calce roza la perfección, coincidimos) los invita a tomar algo “entre hombres” a la noche. La invitación implica quedarnos de nodrizas en el hotel con la típica y su cría. Mi marido me invita al supuesto evento con aires de concertación. No digo nada porque si dijera algo me diría…
-Siempre se quejan, y una vez que organizamos algo y pensamos en qué hacen ustedes, ¡también les molesta!- Marina redondea mi cuadrado diálogo interno.
Asiento con la cabeza y le sonrío.  
Los imagino a los tres: los pechos sudados, los pelos del pecho sudado asomando por el cuello entreabierto de sus camisas de colores claros, las piernas cruzadas, o mejor una pierna apoyada perpendicular sobre la otra, con el tobillo colgando peligrosamente sobre la rodilla, hacen gestos grandilocuentes, hablan fuerte, se rascan la barba, fuman y se rascan la barba, se miran, se estudian, se ríen, no llegan a ninguna conclusión, se emborrachan.
- Después se van a meter en nuestras camas calientes a la madrugada- Dice Marina.
Me quedo pensando en la ubicación de la palabra “calientes” en su oración.
-Amén- concluye Marina. 

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