Te miro mirar

sábado, 5 de mayo de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO

I
-Mirala pobre. Se piensa que es divina porque tiene dos rubios y el marido se los hizo para que esté ocupada. Típico.

Miramos con Marina a la típica durante unos minutos con un claro lenguaje corporal de piernas y brazos cruzados: la vemos bajar del auto, bajar a los rubios –uno de ellos en brazos-, entrar a la estación de servicio, comprar agua mineral y golosinas, rastrear a su marido (“un buen motivo para sufrir”, coincidimos), hacerlo pagar y reclutar a sus muchachitos para volver al auto.

Se acercan los nuestros:

-Son trece kilómetros nada más. Ya nos ubicamos.

Pienso en mi charla con Marina del día anterior. Me habló de la condescendencia masculina, de esa condescendencia masculina. Me dijo que había podido detectarla en varias ocasiones. Me dijo que algunas veces más solapadamente. Sonrió, me dijo que cuando pensaba en eso sentía perfume a bolero (estábamos borrachas). Me dijo que escuchaba una voz sensual que ondulaba. Abrió bien los ojos y arqueó las cejas, como hace siempre que espera una respuesta. Una respuesta correcta. Por favor no te equivoques. El pedido de su mente no llegó hasta sus labios. Pero yo lo escuchaba. Estábamos borrachas.

Abuso deliberadamente de mi técnica de pregunta-afirmación:

- ¿Vieron que había que preguntar?

Y nos subimos al auto.

2 comentarios:

ailén.- dijo...

a veces no te entiendo. y pienso que entonces sos brillate. y después pienso que es muy puanner eso de pensar que lo inentendible es sinónimo de brillantez y despues que me gusta leerte.

Pelu dijo...

No sé si leer las últimas tres palabras y agradecerte, incorporar el adjetivo puanner a mi vida o pedirte que mejores tus relaciones entre incomprensión y belleza jaja.
O será que no hay nada que entender ni nada que hacer.