Te miro mirar

viernes, 24 de febrero de 2012

CORRIENDO EN LO OSCURO CON MAURICIO

“Los dioses brindan gratuita y graciosamente el primer verso” –decía Valéry- y allí está el origen. (Claro que también disimula el anzuelo: todos sabemos que las ideas te las da Dios, pero después escribirlas es un infierno). Familiarizar al dramaturgo en ciernes con esa ruleta, entonces, me ha parecido siempre un objetivo prioritario en la enseñanza. Hacerle perder esa confortable confianza en el hogar de las ideas, esa fe en la sensatez de la necesidad, para instalarlo en la pista caliente de bailar la que te tocan.


El dramaturgo incipiente debe aprender a sorprenderse con el descubrimiento de un nuevo espacio, un personaje o un objeto –imaginario o real- que sume y modifique – con su irrupción- al todo escrito y al por venir. Aceptar las circunstancias del instante creador con toda la fuerza de arrastre de sus vientos subjetivos y objetivos: desde el estado del tiempo al del ánimo. Entender que el imaginario –ese botellero- no construye objetos a medida, como es afán del sistémico, sino que –orgánico- recicla desechos, residuos, imágenes en desuso, que son salvadas del olvido en este acto preservacionista de la estética. Aunque el deseo y la necesidad son edificadores, nuestro material de construcción básico es aquél que el azar nos pone bajo los ojos y nuestra intuición poética recoge. Con él escribimos y nos escribimos.


Mauricio Kartun
de Escritos 1975-2005, Ed. Colihue

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