Te miro mirar

viernes, 9 de diciembre de 2011

LOS SUEÑOS DE CARLA PELUSO

 
Cuando le pica la toca y necesita mirarla.
Una vez se acostó con un médico. Le dijo que en diez minutitos lo sacaban con un bisturí, mientras acariciaba su bombacha simil años cincuenta.
Huyó.

-El texto que leía ella decía muchas veces la palabra yo y la última frase era algo así como “Pero no le gustaba tanto la cocaína. No tanto como a mi padre”. O sea, lo comparaba con un merquero cualquiera. Era muy poco auténtico y yo me moría de ganas de hacerla quedar como una pelotuda. Y te contaba: “Ella es de las que el amor no inspira. Desde que está enamorada escribe peor que nunca”. Vos te reías, pero más porque no entendías que por otra cosa. Y yo te decía “Voy a leer algo para humillarla”.

Maradona hablaba por teléfono con la Bruja Verón.
-veía la conservación-
El Diego le decía que sí, que le vendría bien un empujoncito.

Coco me visita. Yo sé que está muerto y que no es posible y le digo que que bueno que pudiste venir, que teníamos muchas ganas de que estuvieras acá. Nos abrazamos.

Enroscar en la bici la cadena, trabajosamente. Pero no es una cadena cualquiera, es una cinta de video o de cassette. Cuando empiece a girar se develará el misterio.

Me encontrás revisándote la billetera. Seguís hablando. Me das lástima.

El mensaje es claro: un camino hecho de objetos cotidianos (almohadones, libros, portarretratos, espejos), un precipicio y el agua profunda, yendo y viniendo, en olas.
Todos lo atraviesan, yo resbalo.

El pasillo es una mezcla de hospital público y registro civil del conurbano: gente haciendo trámites y escritorios amontonados. Dos hombres llevan a un tercero. Lo cargan como si cargaran a un sillón: sobre los hombros sosteniéndolo con una mano. El tercero está en posición fetal y su cuerpo está tan duro como si lo hubieran momificado.

Existía un ladrón cuyo modus operandi era robar billeteras. Con la tarjeta de débito vaciaba las cajas de ahorro. Como agradecimiento o recompensa devolvía las billeteras con algunos billetes. Escasos en comparación, pero bien recibidos en semejante contexto. Merecidos por quien los recibía, pero incoherentes para la lógica de quien los sustrajo.
Pienso que este ladrón sabe mucho de amor.

(ampliaremos)

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